Por Maribel Lozoya Escalante (UAM)
La posible presencia del fenómeno de El Niño durante 2026 abre un escenario de alerta para México por el aumento de temperatura, la reducción de lluvias y el riesgo de sequías, inundaciones y presión sobre los sistemas hídricos, advirtió la doctora Fabiola Sosa Rodríguez, jefa del Área de Investigación en Crecimiento y Medio Ambiente de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
El Niño, también conocido como Oscilación del Sur (ENSO, por sus siglas en inglés), corresponde al calentamiento de la superficie del océano Pacífico ecuatorial, proceso que altera los vientos, los niveles térmicos del aire, los patrones de aporte pluvial y la presencia de eventos hidrometeorológicos extremos. En contraste, La Niña equivale a la dinámica inverso.
En México, este evento climático suele provocar calor intenso, eventos pluviales extremos en periodos breves. Esta combinación puede provocar inundaciones y períodos secos ante la disminución de precipitaciones acumuladas. La recarga de acuíferos y el almacenamiento en presas pueden verse limitados, debido a que la evaporación es más rápida.
En 2023, el país enfrentó condiciones severas de déficit de humedad que redujeron los niveles de almacenamiento de distintas presas. El Sistema Cutzamala, red hidráulica estratégica para el suministro de agua potable de la Ciudad de México y el Valle de Toluca, alcanzó uno de los niveles más bajos registrados (28.5 por ciento de su capacidad), situación que incrementó el riesgo para el abastecimiento de millones de personas y diversas actividades económicas.
El Super Niño
Este año, los modelos climáticos señalan una probabilidad elevada de condiciones asociadas a El Niño entre mayo y junio, con un rango estimado entre 65 y 82 por ciento. En el caso de un Súper Niño, caracterizado por temperaturas oceánicas superiores al promedio y una disminución de acumulación pluvial por encima de otros episodios recientes, la probabilidad se ubica en 25 por ciento, con posibles efectos visibles para 2027. Sin embargo, aún existe incertidumbre sobre su intensidad, duración e impactos específicos en nuestro país.
Ante este panorama, Sosa Rodríguez consideró indispensable fortalecer políticas públicas que permitan un manejo integral del recurso hídrico. Entre las acciones prioritarias mencionó la cosecha de lluvia en viviendas, escuelas y espacios públicos; el tratamiento y reúso de aguas residuales; la reparación de fugas; la regulación de presiones en redes de distribución; la conservación de zonas de recarga y cobertura vegetal.
Es fundamental que la población comprenda el ciclo integral del recurso, de dónde proviene, cómo se utiliza y qué ocurre después de su consumo. Esta mirada permite reconocer que el uso del vital líquido no termina al abrir la llave o descargar al drenaje, sino que requiere saneamiento, tratamiento y reincorporación en labores agrícolas, industriales, urbanas o ambientales.
En el campo, El Niño puede afectar cultivos, semillas y disponibilidad para riego. Por ello, resulta necesario revisar opciones productivas más resilientes a las condiciones secas y al aumento térmico. En las ciudades, el crecimiento urbano, la pérdida de cobertura vegetal y el avance de superficies impermeables agravan las inundaciones y reducen la infiltración al subsuelo.
En estados como Chihuahua, Coahuila y Sonora se registran afectaciones recurrentes asociadas al déficit de precipitación y condiciones de calor extremo. Mientras que, en el centro del país, la vulnerabilidad hídrica urbana se relaciona con la alta densidad poblacional, la dependencia de sistemas externos de abastecimiento y la urbanización acelerada.
Los efectos
La académica explicó que, en esta zona, los efectos de esta condición climática pueden intensificar sequías, olas de calor y eventos de tormentas severas. En contraste, las regiones occidente y Pacífico presentan mayor exposición a riesgos asociados a ciclones tropicales y huracanes intensos, lo que puede favorecer inundaciones y daños en infraestructura urbana, actividades productivas y ecosistemas.
La respuesta ante El Niño y la crisis hídrica requiere la participación coordinada de gobiernos, sectores productivos, academia y ciudadanía. La prevención, el uso responsable del recurso hídrico, la protección de sistemas ambientales y la restauración ecológica serán iniciativas centrales para reducir las afectaciones y avanzar hacia zonas urbanas con mayor capacidad de adaptación climática.
La especialista en cambio climático y gestión hídrica detalló que en la Unidad Azcapotzalco se desarrollan proyectos que vinculan trabajo científico, docencia y trabajo comunitario. Uno de ellos es UAM-EPIC Rescate de la Laguna La Piedad, trabajo conjunto con las unidades Iztapalapa y Xochimilco, en el que 900 estudiantes de diferentes disciplinas participan en actividades de restauración del entorno natural.
En la Unidad Azcapotzalco se impulsa la rehabilitación de un humedal dentro de sus instalaciones, con intervención de las tres divisiones académicas, con el propósito de convertirlo en un espacio de análisis, docencia, divulgación y acercamiento con comunidades, infancias y juventudes.
(Fuente: comunicacion.uam.mx)